crece la inseguridad

Era pleno mediodía. El sol brillaba con fuerza en la transitada calle Pardo. Clara Cloppet, embarazada de tres meses, llevaba a sus hijos y a unos compañeritos al colegio cuando dos hombres a bordo de una motocicleta la interceptaron y, a punta de pistola, le robaron el auto frente a la atónita mirada de los cinco niños.
Este, como tantos otros, es uno de los casos de inseguridad que, día tras día, padecen los vecinos de la localidad bonaerense de Bella Vista. En rigor, los de todo el Gran Buenos Aires.
«¿Alguien puede explicarme cómo borrar de la memoria de mi hijo Ignacio, de 6 años, el clic que escuchó cuando uno de los ladrones amartilló el arma apuntando a la cabeza de su madre?», se preguntó indignado Ignacio Cloppet, esposo de la víctima del robo.
La respuesta, si es que la hubiera, sería difícil de dar. Los habitantes de Bella Vista están preocupados: la ola de delincuencia crece como un maremoto y parece imposible de detener.
«La gente ya está harta. Lo que le pasó a mi mujer es dramático y ocurrió seis o siete veces en este mismo barrio. Está en juego la vida de chicos. ºEs una cosa de locos!», dijo a La Nación Cloppet, quien eligió hace unos años esta localidad para vivir más «protegido del mundanal ruido de la ciudad».
Con objeto de encontrar soluciones concretas a esta generalizada inseguridad, más de 200 personas se congregaron en la parroquia de San Francisco Solano.

Unidos por el miedo

«El miedo nos une: ésa es nuestra fortaleza», señaló uno de los coordinadores del encuentro, que prefirió el anonimato.
La propuesta consistió en establecer pautas de acción que permitan a los vecinos ayudarse mutuamente y, ante cualquier peligro eventual, poder responder rápidamente.
La delincuencia opera en todos lados. Sin embargo, hoy el delito se produce fundamentalmente en las calles.
Hace un mes, Mario González, de 35 años, bajó del tren en la estación Riccheri y caminaba junto con un amigo, hacia su casa, cuando fueron interceptados por tres sujetos a bordo de un automóvil que los obligaron a subir al vehículo y los golpearon.
«Como no teníamos plata, nos amenazaban con que nos iban a matar. Finalmente, nos bajaron en el Camino Del Buen Ayre y Gaspar Campos. Fueron dos horas interminables», relató González.
Sin embargo, ahí no terminó la historia. Hace algunos días se encontró con los mismos delincuentes. «Volvía de la casa de unos amigos y los vi en el lugar donde nos pararon. Iban en el mismo auto. Me paralicé y volví a entrar en la casa», recordó.
«Tuve más miedo de acercarme a la policía que de lidiar con los ladrones», respondió Mario González cuando La Nación le preguntó por qué no había hecho la denuncia en la policía.
«Hoy, lo más terrible es que entran en nuestras casas, con nuestros hijos y nosotros adentro», relató preocupado Jorge Briqueto, un vecino que concurrió al multitudinario encuentro.

Más control policial

Los lista de vecinos perjudicados es interminable. Y las soluciones, escasas. Los habitantes de la zona coincidieron en algo: la delincuencia cada vez es mayor y los únicos que pueden solucionar la inseguridad son los policías.
«Me asaltaron a las nueve de la noche en el portón de mi casa, cuando estábamos entrando con mi familia. Nos robaron el auto y lo cargaron con nuestros televisores, ropa y artículos electrónicos», contó alarmado Marcelo Cleris, un escribano de 43 años.
Y agregó: «Este es un tema de presupuesto bien aplicado y de una mejora del control policial. Sólo hay nueve móviles policiales para 75.000 personas. Este es un problema que lo tienen que solucionar las autoridades».
Otro vecino lanzó, altoparlantes mediante, una pregunta retórica: «¿Es tan difícil que en vez de comer choripán y pizza los policías se dediquen a patrullar las calles?» En tanto, el inspector Sauriguiveri, de la comisaría de Bella Vista, señaló que la dependencia cuenta con siete móviles y una dotación de 50 hombres.
Y añadió: «Las denuncias se incrementaron, pero considero que es un problema generalizado. Los delincuentes están en todos lados».
Extrañamente, el inspector aseguró que la cantidad de efectivos y de patrulleros «es la suficiente para cubrir toda la zona. Además, contamos con el apoyo de la comisaría de San Miguel».
Un hombre que habita en las inmediaciones de la zona y no quiso revelar su identidad sentenció: «Supongo que son unos pocos delincuentes que actúan con absoluta impunidad. ¡Pero no puede ser que tengan en vilo a 75.000 habitantes!»

Vigilancia

La solución, para algunos, consiste en la instalación de garitas permanentes o en la seguridad privada.
«Pusimos custodia a la noche, pero los robos ocurren durante el día. Ahora la vamos a instalar permanentemente. Pagamos tres veces: los impuestos a la Municipalidad, la cooperativa policial y ahora la seguridad privada», se quejó Ignacio Cloppet.
Respecto de la actuación policial, Cloppet sostuvo: «Me trató muy bien el ex secretario de Seguridad Carlos Brown. Mi auto apareció prácticamente en 48 horas, y en un día me lo entregaron. Esto lo agradezco y lo valoro».
Manuel Repetto, otro vecino del barrio, aseguró que los habitantes de Bella Vista deben trabajar en forma conjunta con la policía.

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