- El martes 10 de febrero último, feriado de Carnaval, en un atardecer brillante, pero triste, cundió la penosa noticia entre el «piberio» de una amplia barriada de
Bella Vista: Federico, cayó muerto en la cancha de fútbol de la Iglesia Parroquial de San Francisco Solano
Pese a sus cuarenta y dos años, Federico López, fue siempre un muchacho sensible y bueno, que llegó hace muchos años
de su provincia natal, para vivir mezclado entre la juventud lugareña, a quien brindó la bondad de su espíritu privilegiado. Era uno de esos seres que aparecen raramente en este mundo egoísta e interesado como justificación de la existencia de las cosas nobles que se pregonan, para vivir olvidado de si propio, entregando a sus semejantes un raudal de virtudes generosas
Vivía solo, ya que desde muy joven perdió sus padres y parientes. Ni siquiera una novia endulzaba el camino sencillo y
claro de su existencia, Por eso los niños y jóvenes pobres y buenos, eran todo para él. Para ellos, sólo fué «Federico», a secas. Los padres lo recibían con afecto en sus
hogares y le confiaban los hijos de corta edad. Sabían de su rectitud y de las cualidades morales sobresalientes que Federico, Era profundamente religioso. Los Padres
Redentoristas de Bella Vista lo recogieron con cariñosa piedad y le brindaron en su colegio el hogar de que carecía. El les confeccionaba algunas de las sagradas vestimentas del culto. También cumplió tareas en la Escuela Fábrica N° 120 de la Nación «Virgen del Valle»- de la localidad de Muñiz y los alumnos de esa
casa de estudios tuvieron en Federico un compañero y un guía.
Los muchachos lo seguían con entrañable simpatia y cientos de jóvenes conservarán en el transcurso de sus vidas, el recuerdo y ejemplo de la generosidad de ese muchacho grande, Pero Federico era un muchacho de excepción para esta hora en que reina la inmoralidad y el egoismo y su existencia no
podia ser demasiado larga
Dios, en su infinita bondad, debia ahorrarle el dolor de un despertar en el que comprobara que su ingenua inquietud había sido inútil y que la mayoría de los seres no saben de gratitud y de esa generosidad que él derramó a raudales, con absoluto desprendimiento.
Asi, el martes, último día del Carnaval de este año, como rara ironía, el Señor lo llamó a su seno, en medio de un partido
de futbol infantil que él había organizado y dirigido en la cancha anexa a la Iglesia Parroquial San Francisco Solano, de
nuestra localidad. Los niños atónitos de dolor y de estupor, lo vieron caer de repente mortalmente herido en medio del campo de deportes. Segui leyendo en https://bellavist.ar/la-muerte-de-federico-lopez/
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