La quinta Gallo Argerich

Por: Carlos María Gallo Argerich (1)

La cercanía con la estación, la volvió una de las casas más representativas de Bella Vista, puesto que todo viajero que baja del tren y caminaba  hacia Senador Morón, no podía  dejar de verla.

La quinta Gallo Argerich (también conocida como «lo de Gallo») estaba ubicada en Bella Vista, al lado de la estación, sobre la Avenida Senador Morón, y ocupaba toda la cuadra que va desde la calle 20 de Junio hasta las vías del Ferrocarril San Martín.

Sus altos portones de rejas, su antigua, variada y frondosa arboleda (única en varias cuadras a la redonda), como así también las líneas sobrias de la construcción, son imanes que atraen la vista de todo aquél que pasaba frente a ella, invitándolo a descubrir la galería que bordeaba la casa.  Estaba cubierta de glicinas que trepaban sobre sus columnas de hierro, cuando estallaban en flor, enmarcaban la casa con su característico color azul-liláceo.

Su jardín (hoy reducido en un 90%) fue cambiando a lo largo de los años. Originalmente tenía caminos que encerraban grandes espacios de césped cubiertos de flores, principalmente distintos tipos de rosales, junto a variadas palmeras y coníferas entre las que destacaban cedros deodara, cedros azules, pinos marítimos, pinos piñoneros, pinos silvestres, cipres piramidales, cipreses lambertiana. Hoy ya no queda ninguno de estos ejemplares en su lugar hay locales comerciales, departamentos y una playa de estacionamiento.

La «quinta», llamada así por nosotros, fue utilizada como lugar de descanso de la familia sirviendo como residencia permanente sólo durante cortos períodos.

Perteneció a está en la familia desde que mi bisabuelo don Antonio Arzeno (2), consignatario de frutos del país  y casado con Julia Graciana Etchebers (3), la compró allá por el año 1916 o 1917, cuando mi abuela, Julita Arzeno de Gallo Argerich (4) contaba con ocho años de edad. Anteriormente vivía en ella Mr. Coventry, un inglés oriundo de algún lugar del imperio británico, que se afincó aquí porque trabajaba en el Ferrocarril Pacífico.

De tales años quedan pocos recuerdos y menos datos precisos. Se sabe que este inglés era cazador y que de uno de sus viajes había traído un tigre, al que tenía en una jaula ubicada sobre la calle Senador Morón, muy cerca del portón chico. 

Carlo Taverna,  quien se desempeñaba como jardinero de la quinta «Gallo Argerich» también había trabajado con Mr. Coventry y cuidó del jardín durante treinta y cinco años más, contaba que los vecinos no estaban muy tranquilos con tener como vecino a un tigre  y un día le tiraron un pedazo de carne envenenada. Si bien ya nada existe de la jaula, hasta hace unos quince años todavía quedan alguno de los barrotes. El bebedero de material en el que el tigre saciaba su sed había pasado a ser el fresco refugio de patos y gansos que deambulaban libremente por la propiedad y que eran menos propensos a morir envenenados por inquietos vecinos

La casa, construida originalmente cerca de 1900, (ya no existe), fue agrandada por Antonio Arzeno. Originariamente era un cuadrado de una planta, rodeado en tres de sus cuatro lados por la galería y, por la parte de atrás daba a un patio donde estaba ubicado el molino que proveía de agua a la casa. Posteriormente, sobre dicho patio se construyó la parte nueva de la casa: la torre, la «bodega», el comedor de diario y la cocina. El molino fue llevado a su actual ubicación en donde siguió funcionando hasta que la rueda se rompió y, pese a que se mantuvo la torre con el tanque, empezó a funcionar con una bomba. Varios años más tarde se construyó  una pileta y el molino desapareció

A la quinta la familia le tomó un particular aprecio puesto que fue una de las pocas propiedades que se pudo salvar de la crisis del ’30. Antonio Arzeno embelleció la propiedad plantando diversos árboles (jacaranda, magnolias, tipas, tilo, alcanfores, laurel, una grevillea que Carlo Taverna había traído de la chacra Gallardo de donde también era jardinero, paraísos, diversos eucaliptos, etc.). Mi padre, Carlos María Gallo (7) , plantó el liquidámbar  que estaba en la entrada. Si bien mi padre ya murió hace muchos años, es un muy lindo ver como, estación tras estación, el liquidambar iba cambiando de colores alegrando la vista de quien bajaba del tren y caminaba para el lado de la calle 20 de Junio.

El concepto que en esa época se tenía de las quintas dejaba su impronta en sus jardines. Con el inicio de la primavera, de ser posible, la familia se instalaba en la casa y permanecía en Bella Vista hasta finales del verano. Ello contribuyó a que se sembraran huertas, se cultivaran aromáticas y se plantara una gran variedad de frutales. Había limoneros, mandarinos, pomeleros, naranjos, durazneros, higueras, diversos ciruelos, quinoteros, nísperos, nogal, caqui, moras, y perales. Se construyó un gallinero para tener huevos frescos y hubo patos, gansos y conejos.

Con el tiempo fue surgiendo una leyenda: cuando durante el verano un murciélago entraba al living, ese año moría alguien de la familia. Ello no significaba que nadie moría en tanto no entrara un murciélago, pero sí que si entraba uno, ese año teníamos velorio. Recuerdo que cuando yo era chico, había una verdadera «brigada anti-murciélagos» de la que me encantaba participar y  que se encerraba en el living principal y no salía hasta que se mataba al murciélago. El último murciélago que se recuerde que haya entrado fue en el mes de febrero de 1981 y cuando, aturdido, cayó al piso y mordió la mano de mi padre cuando se disponía a agarrarlo para sacarlo al jardín. El 25 de abril del mismo año moría mi padre contando con tan solo 48 años de edad.

Volviendo a los orígenes, mi abuela se comprometió con mi abuelo, Eudoro Gallo Argerich, el 8 de junio de 1931, y se casaron el 14 de octubre del mismo año. Siendo ella hija única, el nuevo matrimonio siguió yendo a la quinta durante los veranos. El 14 de junio de 1938, a la edad de 78 años, falleció en la quinta Antonio Arzeno, donde también lo había hecho uno de sus hermanos, Manuel Arzeno, quien en la galería, se había pescado una pulmonía.



La vida social de aquella época comprendía distintas actividades. Mi abuela recuerda que se iba a remar al «Club de Regatas de Bella Vista» con Jorge Mackinlay, Angelita Arzeno, Magdalena Gallo, Gustavo, María Esther y Guillermina de Gainza y Sylvia y Alicia Fox. Al Club también se asistía a comidas que se prolongaban en bailes durante varias horas. A una de ellas, ocurrida la noche del 1º de marzo de 1928, recuerda que asistieron, María Esther, Guillermina, Gustavo, Arturo y Alejandro de Gainza; Corita, Celia, y Carlos Christophersen; Esther Pasman, María Teresa y Víctor García Soage; Dora González Oliver; Alberto y Mariano Rivero Haedo y Fanny Ramallo López, entre muchos otros. En marzo de 1927 también se había realizado la «fiesta del mantón»

También recuerda haber asistido un partido de polo realizado en la cancha «El Cortijo» en el mes de enero de 1930, a beneficio de la iglesia de San Miguel, al que asistió junto con Jorge, Roberto y Susana Mackinlay, los Almeyra, Dora González Oliver, Isabel Rivero Haedo y los Gainza.

En lo de Oliver, sobre la calle Entre Ríos hacia el Club, iban a bailar y la dueña de casa tocaba tango y foxtrot en el piano. También iban a la pileta de lo de Pasman y los días de lluvia por la tarde iban al «Tacurú», la casa de Corita Rivero Haedo (Hoy Colegio Jesús María), a jugar a la ruleta, y en donde también se hacían fiestas. 

Los domingos después de misa se hacía un copetín en la quinta, al que asistían diversas chicas y muchachos. Con el tiempo, la quinta se empezó a alquilar y se reservaba el mes de febrero para la familia. Vivieron los Gallardo, los Lascombes, el general Cáceres Monié, el capellan Munarriz quien construyó una cancha de bochas y diversas familias más que  terminaron eligiendo Bella Vista como lugar para vivir.

Si bien durante muchos años no hubo problemas, ello no habría de durar y allí comenzó la decadencia de la quinta. Una casa de tal antigüedad requiere permanentes arreglos para mantenerse habitable. Todos los inquilinos la mantuvieron en condiciones pero, a principios de los noventa, se alquiló la quinta a un inquilino que resultó nefasto. Cuando aparecimos en el mes de febrero nos dimos cuenta que nos había desvalijado: faltaba gran cantidad de muebles de la casa y del jardín, y variados adornos. Alguien contó que el juego de hierro forjado de la galería lo vieron en la ruta 202. 

Este inquilino, de cuyo nombre no quiero acordarme, hacía «fiestas» tanto en la casa como en la pileta, que provocaban el escándalo de los vecinos y, como si ello fuera poco, también se realizaban en el interior procedimientos médicos completamente ilegales . Recuerdo de aquella época encontrar un tubo de oxígeno vacío en uno de los cuartos de servicio, como así también, uno de los cuartos de la casa todo pintado de blanco, incluso los espectaculares marcos de madera tallada de las puertas del mismo.

Aún así todavía podía ser remontable el abandono, se buscó un nuevo inquilino que (sin quererlo) también tuvo un efecto negativo. Después de rechazar como inquilino al dueño de una cadena de hoteles alojamiento, se alquiló la casa a un subcomisario retirado quien lamentablemente murió acribillado de ocho disparos por unos desconocidos que interceptaron su auto en la ruta. La mujer, lógicamente, desapareció de escena y hubo que requerir la restitución de la quinta por vía judicial. Los meses que se demoró en recuperarla fueron el golpe de gracia. En ese tiempo en que estuvo «abandonada», la quinta se vino abajo.

Buscando levantarla se le hizo una lavada de cara y se alquiló a los últimos inquilinos, el matrimonio Herrero Rodríguez Alcobendas, que dejó un muy buen recuerdo. Luego de que ellos se instalaron en su propia casa, también aquí en Bella Vista, la familia decidió vender la quinta y mientras tanto se prestó al matrimonio Gatica-Nevares, quienes fueron sus últimos ocupantes puesto que el comprador tiró la casa abajo en cuanto tomó posesión. Sólo quedó para la familia el viejo garage, que constituía el «fondo» de la quinta, en el que hoy, ya transformado en casa, sobre la calle 20 de Junio.

 

Con información de: Carlos María Gallo Argerich, Genealogía Familiar, Archivo general de la Nación y bellavist.ar 
Foto: Tren: A/D año 1995.
Plano:  B.A. Lux año 1932
Fotos: Quinta a color. El Juglar, Ed. Bourel 1998
Foto: Portón antiguo color: @bellavist.ar Jun 2015
Foto: PAN Sdor. Morón @bellavist.ar 2005
Foto: Portón grande a color: A/D 2011
Foto: Esquina en obra A/D 2015
 
Aparecen en esta nota:
  1. Carlos María Gallo Argerich 
  2. Antonio Arzeno Solari, Nacido el  22 Jun 1860, en La Paz, Entre Ríos, Argentina  y fallecido el 14 Jul 1938, Bella Vista, Bs. As., Argentina  a los  78 años de edad 
  3. Julia Etchebers Alberbide, Nacida el 25 Ene 1871 en Ascarat, Pirineos Atlánticos, Francia y fallecida el 25 Ene 1946, Buenos Aires, Argentina  a los 75 años de edad 
  4. Julia Arzeno Etchebers n. 6 Sep 1908, Buenos Aires, Argentina – Fallecida en el año 2000  en  Buenos Aires, Argentina  91 años 
  5. Mr. Coventry  S/D
  6. Carlo Taverna S/D
  7. Carlos María Gallo Argerich Arzeno  fallecido 25 Abr 1981 (edad 48 años)
  8. Gustavo Gainza n. 14 oct. 1907  Baradero, Buenos Aires, f. 1 ene 1999 (Edad 91 años)
  9. María Esther Gainza n. 1874  
  10. Guillermina de Gainza n. 11 jun 1911 
  11. Alejandro de Gainza Castañeda,   n. 15 Abr 1909   f. 27 Sep 2002 (Edad 93 años)
  12. Cora María Christophersen Pasman,   n. 2 Ene 1907, Buenos Aires, Argentina
  13. Celia Christophersen Pasman
  14. Carlos Torvaldo Christophersen Pasman   f. 29 Mar 1984, Buenos Aires, Argentina 
  15.  Dora González Oliver Moyano,   n. 1 Oct 1904   f. 28 Jul 2001 (Edad 96 años)
  16.  Alberto E. Rivero Haedo Pasman,   n. 22 Oct 1910, Buenos Aires, Argentina f. 1990 (79 años)
  17. Mariano F. Rivero Haedo Pasman,   n. 1907   f. 1967 (Edad 60 años)
y: Jorge Mackinlay, Angelita Arzeno, Magdalena Gallo,  y  Silvia Fox,  Alicia Fox, Arturo Gainza;  Esther Pasman, María Teresa Soage, Víctor García Soage, Fanny Ramallo López, Roberto Mackinlay, Susana Mackinlay, Flia. Almeyra, Flia. Gallardo, Flia. Lascombes, El Gral. Cáceres Monié, el capellán Munarriz.  
 

2 comentarios sobre «La quinta Gallo Argerich»

  1. Mi bisabuelo era Carlo Taverna. Uno de sus 9 hijos, Carlos Taverna, era mi abuelo. Tengo algunas fotos de todos ellos. Mi abuelo no era un hombre de mucho hablar, asi que mucho de su historia no se. Mi familia sigue viviendo aca.
    Me encanta saber de Bella Vista, de mi familia, y siempre escucho a mi madre cuando cuenta alguna anécdota de los Taverna jajaja. Pero algunas de las cosas que se cuentan aca no las sabia. Muchas gracias por relatar la historia, por los nuevos datos, y gracias por recordar a mi bisabuelo por su trabajo en la quinta.

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